Acá es donde muchos tropiezan, porque no todo lo que cita la Biblia enseña la Biblia.
Señales claras de alerta:
a) Usa versículos fuera de contexto
Se toma una frase verdadera y se la hace decir lo que nunca quiso decir.
Ejemplo típico: promesas dadas a Israel aplicadas mecánicamente a cualquier situación personal, sin contexto ni condición.
b) Exagera una verdad y silencia otras
La Biblia enseña gracia… pero también arrepentimiento.
Habla de bendición… pero también de sufrimiento.
Cuando una enseñanza siempre va en una sola dirección, algo anda mal.
c) Depende más de experiencias que de la Escritura
“Dios me mostró”, “yo sentí”, “me revelaron”
Si la experiencia manda sobre la Biblia, ya se cruzó una línea.
d) Coloca al hombre en el centro
Si el mensaje gira alrededor de:
- tus sueños
- tu éxito
- tu comodidad
- tu poder
y Cristo queda como un medio para lograr eso… no es sana doctrina.
e) No soporta ser examinada
La enseñanza sana puede ser revisada, comparada y corregida por la Biblia.
La falsa doctrina se ofende cuando se la cuestiona.
“Examinadlo todo; retened lo bueno” (1 Tesalonicenses 5:21)